
Margarita un frenesí de mar y sol todo el año, aparte de algunas compras nerviosas por su zona franca. Una isla generosa en playas abarrotadas de gente, con cientos de restaurantes, buhoneros y escándalos musicales, o las solitarias, apacibles, vírgenes y remotas, donde sólo vamos a escuchar el mar. Pero como somos trópico, las olas se confunden con las montañas, nuestros cerros Copey, Guayamuri y Matasiete y las únicas elevaciones en Macacano, Las Tetas de María Guevara. Me encantan sus pueblos, especialmente los que han logrado conservar el encanto de siempre, con sus pobladores sentados en la puerta observando cómo pasan las horas. Son muchos los navegados -así llaman a quienes viven aquí sin haber nacido rodeados de agua- lo cual le ha dado a Margarita un aire cosmopolita, especialmente en la gastronomía, con Pampatar como centro de los restaurantes más frecuentados. La euforia comercial se divide entre el Sambil y La Vela, aunque la Santiago Mariño sigue siendo una rica opción al aire libre. El Yaque es el pueblo más internacional pues recibe visitas del mundo entero que buscan sus vientos para practicar el kitesurf. Macanao es "la otra isla", lejana, serena y con poco movimiento, lo cual constituye su mayor encanto. Coche se mantiene como la Margarita de hace 40 años y Cubagua y Los Frailes están ahí para mostrar naturaleza. En hospedaje hay lo que busquen aqui, desde los todo incluidos, hasta las posaditas gentiles, los apartamentos en alquiler o los hoteles más pequeños y sofisticados frente al mar. Confieso mi amor desatado por Margarita. Para mas informacion visita
www.margarita.travel